HONDARRIBIA - MIRADAS

Escollera y piperras

De la web todocoleccion.com

Cuando éramos jovenzuelos a veces faltábamos a clase, hacer piperra se decía entonces, y recuerdo que al menos en un par de ocasiones en las que hizo muy mala mar, nos fuimos hasta la punta del espigón en busca de emociones fuertes.

Entonces, el paseo era más estrecho y estaba flanqueado por grandes rocas de arenisca que daba la sensación de que te protegían y evitarían que te llevará un golpe de mar. Por otra parte la inconsciencia de la juventud disipaba todos los miedos. Allí, en su extremo aguardábamos las tres grandes olas que baten cada pocos minutos e improvisábamos un resguardo para no terminar completamente calados, cosa difícil, aunque por motivos que desconozco siempre había uno que salía indemne pese a estar más expuesto que los demás. Cuando volvíamos nos miraba con sorna preguntándonos cómo íbamos a hacer para no llegar a casa en tan lamentable estado.

Las escolleras, formadas por esos pedroncos en forma de cubo que protegen puertos y espigones son muy eficaces. Recuerdo otro episodio no hace tantos años en el espigón francés. Hacía muy mala mar con olas que superaban los 6 metros en costa y allí estábamos un francés que no conocía y yo, supongo que ambos tan nostálgicos como imbéciles, en su extremo viendo como tragaba aquellas grandes olas la escollera.

Hasta que vino una enorme. Daba miedo ver lo que se nos venía encima. Creo que ambos miramos hacia atrás para ver si teníamos la opción de correr, pero era imposible, no nos daba tiempo, por lo que nos resignamos y tras mirarnos preguntándonos qué carajo hacíamos allí nos pusimos a contemplar la ola que nos engulliría y que iba creciendo a medida que se acercaba. Era el final y aunque la situación era muy tensa no recuerdo que sintiera pánico. El caso es que la ola levantó su enorme cresta por encima de nuestras cabezas, amenazante hacia nosotros, pero afortunadamente a medida que rompía, la escollera la fue apaciguando y apenas recibimos unas salpicaduras. No nos quedamos a esperar la siguiente.

Hace una década hubo unos temporales terribles en invierno, de esos que acontecen cada 20 ó 30 años. En Donosti hicieron no pocas averías, sobre todo en el Puente de María Cristina, y en Zarautz arrasaron algunos de los locales del paseo de la playa, algo que suele ser habitual, aunque con mayores destrozos.

Imagen de orain.eus

Fue en San Juan de Luz donde la mar nos demostró su enorme fuerza cuando las olas arrancaron uno de los grandes cubos de la escollera y lo subieron al espigón. Podían haberla dejado allí como recuerdo, ya que se encontraba en el dique central de la bahía, al que no se puede acceder, pero los sanjuandeluztarras optaron por ir allí con un helicóptero y volarla. Probablemente lo hicieron para ocultar la cruda realidad de que la naturaleza siempre tendrá la capacidad de poder doblegarnos.