
En los años 80 los alimoches brillaban por su ausencia en tierras guipuzcoanas. Recuerdo que el año 1981 anillamos el único pollo de una pareja que nidificaba en las abruptas paredes del monte Kopakarri, junto a las Peñas de Aia.
Actualmente son varias las parejas que nidifican en nuestra provincia, eligiendo una de ellas el monte Jaizkibel como morada para sacar adelante su prole.
Esta especie de buitre, con un aspecto más elegante que el resto de sus congéneres por vestir de blanco y no tener el cuello pelado, hiberna en tierras africanas, visitándonos durante la temporada de cría, en la que a pesar de incubar un par de huevos tiene por costumbre sacar adelante un solo pollo. Cruel destino el del hermano más débil.
Muchos conocimos por primera vez al alimoche en un documental de Félix Rodríguez de la Fuente, en el cual demostraban que la habilidad que tienen estas aves para romper huevos de avestruz utilizando piedras que recogen con el pico y arrojan sobre su cáscara, es innata. Es decir que no adquieren esta destreza mediante la observación e imitación de los adultos, como ocurre con frecuencia en el aprendizaje de los comportamientos más complejos.
