HONDARRIBIA - MIRADAS

Kíkirikíiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiieres que te diga

Hay en Hondarribi, cerca de Sokoa, junto a la antigua carretera que lleva a La Copa, una villa que tiene empadronados en su jardín, en jaulas y corrales, una buena colección de gallos que compiten todos los días de buena mañana para ver quien desafina mejor.

Un pequeño callejón que nos lleva a una zona residencial nos permite escuchar el concierto todos los días a partir de las 6 de la mañana, cuan si hubiéramos conseguido las mejores butacas en la Scala de Milán. Mejor aún incluso, sin descansos ni pausas que nos hagan perder el hilo de la obra.

Y uno se pregunta ¿Cómo lo hacen para dormir los que viven a escasos 10 metros de la interminable serenata?. Lo desconozco. A veces me veo tentado de tocar los timbres a los vecinos y preguntar, pero prefiero contenerme no sea que despierte antiguas rencillas.

Esto me trae al recuerdo la primera vez que fuimos a Canarias. Entonces internet no estaba ni en proyecto, por lo que lo fuimos a una agencia de viajes y nos presentaron varias ofertas. Cogimos una de las más baratas, en Tenerife, con residencia en Puerto Cruz. La oferta tenía truco ya que el alojamiento estaba más bien donde Jesucristo perdió la Cruz, más allá de la urbe, sus luces, civilización y asfalto.

Aquel Hotel era entonces una gran torre en un erial, rodeada de campos y alguna pequeña granja, de una de las cuales un gallo solitario se encargaba de buena mañana de despertarnos a todos durante nuestras apacibles vacaciones. Como consuelo podremos decir que gracias al madrugón pudimos aprovechar mejor los días. Con lo que se han urbanizado en los últimos años algunas de las islas no me extrañaría que aquel apartado edificio sea hoy en día un edificio céntrico, y por fin hayan jubilado a nuestra inolvidable gallinacea.