
…que con su inconfundible traqueteo rompían la paz del alba veraniega en la Bahía de Txingudi?
Durante décadas fue el motor más utilizado por las txipironeras hondarribitarras por su robustez y poco mantenimiento. Eran motores de 6 y 9 caballos. Se arrancaban con una simple manivela, tenían un solo cilindro y se refrigeraban por aire. No se podía pedir más, bueno si, que no tuvieras prisa, porque lo que es rápidos tampoco eran. Pero no hacía falta ni motores de arranque, ni circuitos de refrigeración, ni indicadores de temperatura, ni de presión, ni cuentarevoluciones…. Esto tenía un precio, que era el ruido, y un traqueteo que hoy día nos resultaría insufrible, ya que a pesar de los soportes de goma sobre el que se anclaban para amortiguarlo, impidiendo que afectara al casco de madera de la embarcación, se te movían hasta los empastes.
Estos motores, curiosamente fabricados en Zafra, Badajoz desde 1949, fueron un éxito durante décadas, no solo para las embarcaciones, sino para todo tipo de maquinaria agrícola y de obra que nos podamos imaginar. Fueron artífices del progreso ya que mediante correas o engranajes mecanizaron muchas labores que anteriormente se hacían a mano.
Damos fe de su eficacia ya que nosotros hicimos uso de ellos hasta principios de este siglo XXI para subir toneladas de algas desde apartadas calas en la costa del monte Jaizkibel. Estos motores hacían girar pesados cabestrantes de obra cuyos engranajes desmultiplicaban sus revoluciones, tirando de un cable con el que subíamos las algas en grandes bolsas de red (samas) por un rudimentario teleférico.
