
La próxima semana comienzan los hendayeses a dragar la arena del cauce del río Bidasoa para maquillar su hermosa playa. Desde que se jubilaron las gabarras, las de madera que se cargaban a pala, y las de hierro que la extraían con grandes motobombas, la generosidad del río nos ha desbordado. Nuestros vecinos, los más perjudicados, han dicho ¡Ça va pas¡, ¡Ça suffit, arrêtez!, por lo que se han liado la manta a la cabeza y ante la expectación de propios y extraños comenzarán la primera semana de febrero, según reza un cartel que han puesto en el aparcamiento, a extraer la arena que se ha acumulado a lo largo del espigón. En Mayo parece que finalizarán.
Ya han montado todo el pirifostio. Una enorme piscina en mitad de la playa, a golpe de excavadora, para decantar la arena antes de repartirla. Un rosario de tubos que flotan sobre las aguas de la bahía ante la incertidumbre de si aguantarán lo fuertes temporales que acostumbran a visitarnos por estas fechas… empieza el espectáculo.
Estaremos todos expectantes, los surfistas rezando para que no funcione, ya que aquel pasillo entre los dos espigones, con sus pequeñas pero largas olas, se había convertido casi a diario en un centro de experimentación para todo tipo de artilugios surferos de nueva generación. Y los del club náutico para que funcione, ya que así no tendrán que pasarse el verano desembarrancando los veleros y yates de los turistas parisinos.
Nosotros no rezaremos, pero observaremos con curiosidad que tal funciona el invento, ya que es muy probable que tengamos que ponerlo en práctica muy pronto en algunos rincones de esta orilla.
