HONDARRIBIA - MIRADAS

Perros…

…de todas las razas veremos a diario en los paseos, jardines y calles del municipio, siempre acompañados de sus dueños.

Cuando éramos críos pocos tenían un perro, pero nunca faltaban a la puerta de un caserío, con frecuencia fieros, o así lo parecía porque siempre ladraban cuando se acercaba alguien, atados a una cadena a la caseta en la que se guarecían de la lluvia o del sol. También los arrantzales solían llevar alguno en sus barcos, los más habituales el peludo perro de aguas o un ratonero, a cual más listo. Salió también una ley que lo prohibió.

Como colofón estaban los perros callejeros, solitarios o en pequeños grupos, pululaban con cierta desconfianza por algunos barrios, ya que a veces no eran bien vistos por su querencia a comer de plato ajeno o de fornicar cuando les viniera en gana… pura envidia supongo.

Ahora todos tienen DNI, vacunas, dueños y un microchip insertado en el pescuezo, como el que nos pondrán también a nosotros más pronto que tarde, para que no nos alejemos del rebaño. Suelen estar bien alimentados y cuidados, y su capacidad de aprendizaje, afecto y lealtad incondicional son las principales bazas con las que han conquistado nuestra confianza desde el neolítico.

Con tal incremento canino conflictos tampoco faltan. Algunos no recogen sus moñigos, otros, aún con la playa abarrotada consideran que su perro tiene tanto derecho como el que más para estar allí. También están los que tienen mal dormir y no dejan pegar ojo al vecino, y por último los inquietos, que pueden ser un peligro para bicis, ancianos o niños si se dejan sueltos. Afortunadamente son los menos los que dan problemas, y a pesar del creciente número de la población canina apenas hay problemas con ellos, mejor dicho con sus dueños.