
La naturaleza nos regala en verano con la aparición de los primeros bandos de estorninos, que por lo visto ya han finalizado su época de reproducción. Crían en casi toda Europa, aunque apenas unos pocos en el norte de España, pero gran número de ellos descienden a latitudes más templadas para pasar el invierno.

A finales de junio vimos un pequeño bando de unos doscientos sobrevolando la Bahía de Txingudi en busca de una arboleda donde pasar la noche. Son inconfundibles ya que forman un grupo compacto que se desplaza con rapidez. Dudaban si pernoctar en los pinos del aparcamiento que hay entre el Club Náutico y la playa de Hendaia, o en los del espigón hondarribitarra. Al final unos pocos se separaron del grupo y se quedaron en Hondarribia.
Sorprende su coordinación en vuelo a pesar de la gran velocidad y aparente caos con el que se desplazan, y cuesta imaginar como hacen para tomar las decisiones. Vuelan rápidos, a veces en gigantescos bandos de decenas de miles, que dibujan en los cielos del atardecer sugerentes figuras cuan si interpretaran una danza.

¿Como lo hacen para no chocar?. Por lo visto cada uno de ellos tiene como referencia a sus vecinos más próximos e imita sus maniobras. Se supone que en los flancos y al frente se pondrán los más espabilados para guiar al bando. Está claro que sus reflejos, incluso la de la más torpe de estas aves, están muy por encima de los de un piloto de Fórmula 1.
