HONDARRIBIA - MIRADAS

Colirrojo Tizón (Phoenicurus ochruros). Otra ave que se está haciendo urbanita

Un macho utiliza como atalaya el barco de la Benta

Disfrutábamos de las últimas luces de una calurosa tarde de verano tomando unas cervezas en una de las terrazas de la Plaza de Armas. Nuestra curiosidad ornitológica, que nos lleva con frecuencia a alzar la vista en cuanto escuchamos un reclamo familiar, encuentra su premio cuando observamos a media docena de colirrojos tizones apostados en los tejados y antenas de las casas que rodean la plaza. Uno más preside la terraza del castillo y otro espera paciente sobre uno de los pináculos de la cercana iglesia.

Los observamos un rato y vemos que algunos de ellos alzan el vuelo durante breves segundos para capturar algún insecto y volver a su posadero. Se trata de un breve recorrido, a veces directo, pero a menudo acrobático cuando la desafortunada víctima intenta evitar su fatídico destino. Unos y otros alternan sus fugaces y piruéticos desplazamientos cuan si interpretaran una coreografía, con el atardecer como telón de fondo.

De la página santandernatural.es

Este pequeño pajarillo, cuando se posa erguido nos suele recordar al txantxangorri, pero su color oscuro, negro tizón en los machos y parduzco en las hembras, así como el nervioso cimbreo de su cola rojiza lo hacen inconfundible. Unas cuantas parejas nidifican en los roquedos del monte Jaizkibel, con preferencia por la zona costera, pero son cada vez más los individuos que colonizan el entorno urbano.

Ubican sus nidos en las oquedades de las murallas y de los muros, que abundan en la ciudad, aunque tampoco desdeñan otras ubicaciones para sacar adelante su prole. Hace un par de años una pareja construyó su nido en el pequeño armazón de madera de un tejadillo que protegía del agua la entrada de un portal del barrio de la Marina. No debió irles muy bien porque no han vuelto, pero tampoco andarán lejos.