
En verano, las excursiones por la falda norte del monte Jaizkibel, mas allá de las campas de Gustiz, pueden resultar un incordio si no vamos debidamente protegidos. ¿El motivo? La presencia de tres especies de insectos que nos aguardan con impaciencia.
El primero de ellos es el tábano. De vez en cuando los veremos revoloteando alrededor nuestro buscando nuestras zonas expuestas, brazos, piernas o cuello, para desayunar. Con suerte los sentiremos aterrizar, pero comprobaremos que con una palmada no nos bastará para deshacernos de ellos. El tábano aturdido levantará el vuelo, y pronto volverá a incordiarnos. Tendremos que sacudirle con más ímpetu, o atraparlo y retorcerle el pescuezo para librarnos definitivamente de él

También puede incordiarnos la mosca negra. Son rápidas, las odio. En cuanto se posan, sobre todo en las piernas, sentirás su doloroso mordisco. Al contrario de lo que ocurre con los tábanos, de un manotazo se desintegran, pero el escozor y el avón que nos dejan como recuerdo de su visita tardará unos cuantos días en irse.
Aunque no es habitual que estas moscas nos ataquen, ya que están entretenidas con los numerosos caballos que pastan por Jaizkibel, hay lugares donde pueden resultar un suplicio. Uno de ellos es un idílico sendero que encontraremos a mano derecha en el primer tramo de la carretera que sube a Jaizkibel. Este camino es un encanto durante casi todo el año. Tapizado en algunos de sus tramos con una alfombra de hierba, desciende serpenteando hasta el mar a la sombra de un gran bosque de pinos.
Durante los meses de julio y agosto puede convertirse en un infierno si no vamos bien protegidos. Ejércitos de moscas negras nos aguardan para saciar su apetito. La única opción para librarse de ellos es la de adentrarnos en los pinares. Por algún motivo que desconocemos no se atreven a entrar en el cerrado bosque, pero allí no hay ningún sendero alternativo que nos permita evitarlas por mucho tiempo, por lo que terminaremos volviendo al campo de batalla.
El tercero que nos puede aguar la excursión es la garrapata. Esperan pacientes en el extremo de hierbas y ramas el paso de sus víctimas para en cuanto las roce algún animal adherirse a su pelaje o a su ropa. Son unas garrapatas rojizas, pequeñas, aplastadas, parecen cangrejillos. Afortunadamente tardan horas o días en encontrar las axilas o ingles donde acostumbran a ubicarse, por lo que nos resultará fácil localizarlas cuando nos duchemos.
