
El alga más abundante de nuestros fondos marinos es un alga roja (Gelidium sesquipedale), muy apreciada en el sector alimenticio, cosmetológico y farmacéutico, ya que de ella se extrae un gelificante conocido como agar agar.
La pureza del producto que se obtiene del alga que se recoge en nuestras costas fue el motivo por el que a finales de los años 80 y la década de los 90 se pagara por ella un alto precio. Las abundantes cosechas que se obtuvieron aquellos años dio lugar a que algunos arrantzales le acuñaran el nombre de oro rojo.
La recogían los barcos de pesca mediante unas grandes porterías con un copo de red, que arrastraban a 10-15 metros de profundidad por los fondos de arena de la desembocadura del Bidasoa. Allí se acumulaban cuando los fuertes temporales de otoño las arrancaban de las rocas sobre las que habían crecido durante la primavera y el verano.

También se recogían en la playa y en algunas calas de la costa del Jaizkibel, a mano, con palasardias (horcas), o con motobombas. Las corrientes las conducían a ensenadas como la del Faro, Sisurko, Erentzin o Azabaratza, y luego se subían mediante cabestrantes hasta los caminos a los que se pudiera acceder con vehículos para transportarlos.
Cayó el precio. Lo justificaron con el cierre de algunas fábricas en Marruecos lo que permitió que importaran a bajo coste el alga que se recolectaba en las costas marroquíes. También ha ido disminuyendo considerablemente el volumen de las actuales campañas. Se desconoce el motivo. Unos lo achacan al cambio de temperatura de las aguas. Otros a la disminución de materia orgánica en nuestra costa, debido a los miles de toneladas de algas recogidas o a la canalización y depuración de las aguas residuales.
El caso es que hoy en día las enormes praderas que tapizaban las rocas de los fondos marinos de nuestras costas estan desapareciendo, y son ya muy pocos los barcos que se dedican a la recolección de la mermada cosecha.
