
Así se llaman estas aves que nos recuerdan por su tamaño y aspecto a las palomas, y que desde hace algunos años es habitual encontrarlas en urbanizaciones y parques de la ciudad. De Turquía procede esta especie de tórtola, que a partir del año 1900 comenzó su expansión y en poco más de un siglo ha terminado colonizando toda Europa.

Fenómeno curioso, ya que se supone que habrían vivido por aquellas tierras apaciblemente durante cientos de miles de años sin ningún interés por ampliar su territorio, o con algún impedimento para hacerlo, pero cuando se han puesto lo han hecho a lo grande. En el mapa adjunto se muestra la cronología de ese proceso de expansión. Muy probablemente haya colaborado a acelerarla su cría en cautividad.

Con preferencia por las coníferas, en las que suele anidar, en Hondarribia resulta habitual encontrarla en los barrios residenciales, pero también las veremos en los parques e incluso en el entorno urbano. Nunca faltan por los alrededores del campo de futbol, junto a los pinos que enfilan el paseo del espigón, en cuyas tupidas copas nidifican. Aunque no las veamos, con frecuencia escucharemos su particular reclamo.
Me suele llamar la atención cuando cruzan por la carretera del aeropuerto, ya que a veces tienen por costumbre volar por delante del coche, exhibiendo una pericia que nos recuerda a la de su pariente la tórtola común, de ámbitos campestres, pero desafortunadamente muy escasa.
