
Una diminuta araña se pasea sobre el respaldo de uno de los bancos de la Marina. El color amarillo chillón de su abdomen la delata y no le resulta fácil pasar desapercibida, ni para sus presas, ni para sus cazadores, por lo que lo mejor que puede hacer es esconderse o cambiar de escenario. Probablemente el viento la ha arrojado desde alguna de las floridas macetas que adornan los balcones del barrio.
Se trata de una araña cangrejo, letal cazadora que suele aguardar con infinita paciencia, mimetizada entre las flores, a las víctimas que atrapa con sus largas patas delanteras.

No construye telarañas, pero elabora un hilo que utiliza, además de para proteger sus huevos, para desplazarse. Tras seguirla con mi cámara para tomar una imagen y poder identificarla, la araña, sintiéndose acosada ha buscado el punto más alto del banco y desde allí se ha afanado con frenesí, ayudándose de sus patas, a sacar un fino hilo de su abdomen. Este hebra apenas visible volaba al viento en busca de una fijación que le permitiera desplazarse para cambiar de escenario.
En cuanto ha detectado que el extremo se ha fijado al tronco de uno de los plátanos cercanos le ha faltado tiempo para, a una velocidad endiablada desplazarse sobre la fina hebra hasta desaparecer de nuestra vista.
