
Es imposible para esta polilla diurna pasar desapercibida ante posibles depredadores, y menos aún mientras esta libando, como vemos en esta fotografía, el néctar de la vistosa flor amarilla de un diente de león, al pie de uno de los tamarindos que enfilan la carretera del puerto de Hondarribia. Pero no le importa y se muestra muy confiada, porque de alguna manera sabe que si alguien se mete con ella tiene las de perder.
Parece ser que estos lepidópteros acumulan pequeñas dosis de cianuro de hidrógeno en su organismo, que sintetizan en su etapa larvaria a partir de algunas de las plantas de las que se alimenta, por lo que pueden resultar tóxicas. Se trata de un ejemplo típico de lo que en la ciencia se denomina aposematismo, estrategia de defensa evolutiva donde animales venenosos, tóxicos o de mal sabor utilizan colores brillantes (rojo, amarillo, naranja, negro) para advertir a los depredadores sobre su peligrosidad. Pero no debemos preocuparnos porque no suponen ninguna amenaza para los humanos.

Como todas las mariposas viven también su fase larvaria en forma de oruga rechoncha y peluda, de color verde opaco con manchas negras, alimentándose durante el invierno con preferencia por plantas leguminosas, como el Lotus corniculatus, la Vulneraria, La Verónica o la Filipéndula.
