
Una docena de alcornoques presiden la estrecha acera que bordea las pistas de tenis y el campo de fútbol de hierba artificial, en las inmediaciones del Club Náutico de Hondarribia.
Tendrán 15 o 20 años, han crecido sanos y ya podemos apreciar en su tronco la gruesa y rugosa corteza que los caracteriza. En otoño cubren el suelo sus inconfundibles bellotas, grandes y alargadas.

El alcornoque es un árbol de porte medio y hoja perenne, de cuyo gruesa corteza se produce el corcho, que se recolecta cada 9-14 años. Se tratan de árboles longevos. En estado natural pueden llegar a vivir cerca de 500 años, aunque cultivados su vida útil no suele sobrepasar los 250 años, algo que muchos firmarían.
Si se mantiene la moda del kilómetro 0, tal vez algunas botellas de futuras añadas de las nuevas cepas del txakolí de Hondarribia que se cultiva en las Bodegas Hiruzta, se terminen embotellando con el corcho que se obtenga de estos ejemplares.
