
Haberlas haylas, pero no son fáciles de ver, por lo que suele ser un agradable acontecimiento el toparse con una de ellas durante un paseo dominguero, como nos ocurrió el pasado fin de semana por los alrededores del Faro de Higuer, en Hondarribia.
Nos llama la atención su volar cuan gigante mariposa, efecto que hacen mas acusado sus alas blancas y negras. Los tonos ocres de su cuerpo y cabeza se adornan con un penacho de 28 plumas a modo de cresta que abren como un abanico cuando se ponen en alerta. Parece ser que esta cresta también le confiere propiedades aerodinámicas en vuelo.

Aunque es más abundante por el mediterráneo, de vez en cuando vemos alguna en la comarca, pero según la SEO cría en toda la península salvo en la cornisa cantábrica y el alto pirineo. Recuerdo que en nuestra juventud era habitual ver algunos ejemplares en el Campo de Golf de Hondarribia, donde si no me equivoco criaba alguna pareja.
