
Kilómetros de setos de diferentes especies arbustivas adornan las lindes de muchos terrenos rurales y urbanizaciones del municipio de Hondarribia. También resguardan del viento y de miradas indiscretas muchas viviendas unifamiliares, y embellecen nuestros jardines.
Los más habituales son de aligustre, y de algunas variedades de cipreses. Crecen rápido y mantienen la hoja durante todo el año, cumpliendo con eficacia su misión, si bien necesitan de una o dos podas anuales para no terminar ocupando caminos y aceras.
Los hay también de laureles, y de otras especies ornamentales de hoja perenne. En algunos jardines urbanos el protagonista es el boj, una planta de crecimiento lento y tronco leñoso, cuya madera era muy apreciada por su dureza para la fabricación utensilios. Al boj tampoco le ha sentado muy bien esto de la globalización, una polilla asiática los ha diezmado. Dicen que apareció el bichejo en Alemania, allá por el año 2007, procedente de alguna partida de plantas importada de China. Cuando los inviernos son suaves, durante la primavera sus orugas se convierten en plaga, arrasando con las hojas de todos las plantas en las que las mariposas han depositado sus huevos.

Cerca del campo de fútbol, al comienzo de la Calle Donosti nos llaman la atención en la acera norte los suntuosos setos que rodean una urbanización de estilo inglés. Está formado por cipreses, cuidadosamente podados todos los años, de gran altura, que aunque han perdido algo de lustre, todavía mantienen su elegancia.

En la acera de enfrente nos encontramos con otra sorpresa, un discreto seto que si lo observamos con atención veremos que lo forman pequeñas hayas. Cuan bonsáis, apenas se elevan un metro del suelo, entrelazando sus ramas y perdiendo sus hojas en invierno.

