En nuestros paseos domingueros hay caminos a los que nos gusta volver. Nos dejaron un grato recuerdo y queremos disfrutarlos de nuevo. En este artículo mostraremos tan solo cuatro rincones por los que periodicamente transitamos.

Esta pista de cemento por la que se baja desde el Campo de Tiro hasta el Restaurante Arroka, pasando por el agroturismo de Higueralde suele ser el colofón a un paseo por los alrededores del Faro. A algunos no les entusiasma porque tiene fuerte pendiente y castiga un poco los pies o las rodillas, pero las vistas lo compensan.

En el último tramo de la pista de tierra que desde Santiagotxo nos lleva hasta Guadalupe desaparecen los árboles de su margen derecha y nos permite ver durante un rato la Ermita a la que nos dirigimos. También este claro nos regala unas magníficas vistas de los prados y caseríos hondarribitarras, con la mar como telón de fondo.

El tercero es un rincón secreto, no lo conoce casi nadie ya que su principal acceso se restringió hace unos años. Se trata de un pequeño robledal en cuya pista tapizada de hierba y helechos crecen cientos de pequeños robles que han germinado de sus bellotas.

Y por ultimo un sendero, uno de los que comunican la pista que va desde el Faro hasta El Molino, con la pequeña carretera asfaltada de la cima que nos lleva desde el Faro hasta la Sociedad, junto a la carretera de Guadalupe. Cada uno de estos senderillos es una pequeña aventura, ya que la primera vez que los tomamos no sabemos con certeza por donde vamos a aparecer, por lo que merece la pena visitarlos de vez en cuando para vivirla.
