
Las hay, aunque más bien habría que llamarlas insectívoras. Podemos encontrar al menos un par de especies que tienen la particularidad de capturar los insectos de los que se nutren de formas muy diferentes.
La de la foto, la Pinguicola grandiflora, es la más fácil de localizar, al menos durante su floración. Suelen verse algunos ejemplares junto al camino forestal de Gastarrotz, cerca de una pequeña fuente que encontraremos llegando al cruce de Leuta, y en sus taludes aledaños. Aunque con las últimas obras de adecentamiento de la pista, al coger la tierra del talud le han dado un buen palo. Sus hojas, que forman una roseta en la base de la planta, son pegajosas por lo que los insectos que hayan cometido el error de posarse sobre ellas formarán parte de su menú.

La otra especie, que nos recuerda a sus parientes más voraces que veremos en algunos documentales, es la drosera. Hace tiempo que no las veo, pero la citan algunos excursionistas junto a la pista, que partiendo de las inmediaciones de la entrada al aparcamiento del mirador, recorre la ladera norte. No es fácil de encontrar. Recuerdo haberla visto hace muchos años en las zonas que se anegaban, también al borde del camino forestal de Gastarrotz.
Se citan dos especies, la Drosera rotundifolia y la Drosera intermedia. Éstas atraen a los insectos con el color rojo de los pelillos de sus hojas y las gotas de mucílago que segregan. Las confunden con néctar por lo que terminan cayendo en su trampa. Luego las hojas se cierran y liberan encimas digestivas para obtener sus nutrientes, principalmente nitrógeno, del que suelen carecer las tierras donde se desarrollan estas curiosas plantas.
