Un ejército de orugas soldado atraviesa a primeros de septiembre con poca fortuna la pista de cemento que conduce desde Errandonea hasta la subida del Calvario. Las ruedas de los coches, las pisadas de los senderistas, y los que de buena mañana acuden a la novena de la Virgen de Guadalupe lo diezma.

Nos encontramos con las orugas de una pequeña polilla nocturna que se han convertido en un problema para los agricultores. Son muy voraces, y los años en los que las condiciones climáticas les favorecen, se convierten en una verdadera plaga. Pueden alimentarse de las hojas de decenas de especies de hortalizas y leguminosas, algo poco habitual en otras especies de orugas, que suelen tener exigencias gastronómicas muy específicas. Son resistentes a muchos insecticidas y durante el verano pueden sobrevivir alimentándose incluso de la vegetación silvestre, lo cual les permite multiplicarse exponencialmente, como parece haber ocurrido este año.
Aunque a veces la pupación (último estado de la metamorfosis en la que se convierten en mariposa) tiene lugar en los cultivos, es en el suelo donde con frecuencia desarrollan su último estado larvario. Allí forman un capullo suelto, que consta de partículas de tierra pegadas con una secreción viscosa. Tras 5-10 días emergerá una pequeña polilla nocturna, que durante un tiempo las liberará de su arrastrada existencia y les permitirá surcar los cielos nocturnos.
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En la misma pista de cemento nos llama la atención otra oruga de gran tamaño, que decidimos salvar de su incierto destino, y a la que antes fotografiamos para poder identificar.

Se trata de la oruga de la gran esfinge morada (Deilephila elpenor), que ha desarrollado un curioso método de defensa para evitar que los pájaros la incluyan en su menú. Cuando se siente amenazada retrae la cabeza y muestra su tronco en el que destacan cuatro grandes dibujos que semejan los ojos de una serpiente, como se aprecia en la imagen inferior.

Su nombre, esfinge morada, procede de la preciosa polilla en la que se transformará durante su última etapa de metamorfosis. Parece ser que tienden a alimentarse por las tardes, libando a menudo el néctar de plantas de jardín como madreselvas y petunias, por lo que las podremos encontrar incluso en ambientes urbanos.

