HONDARRIBIA - MIRADAS

Pájaros veleta

Gaviotas reidoras en el espigón del caño del Paseo Butrón

A veces no es necesario buscar una veleta en lo alto de un tejado, que apenas quedan, ni tirar una hoja al aire para saber de que dirección sopla el viento.

Algunas aves, cuando arrecian los temporales, buscan refugio bajo los aleros de las casas y caseríos, o en el interior de tupidos arbustos, o se protegen en los huecos de los roquedos, o en los de los árboles, o al abrigo de sus ramas menos expuestas. Los frágiles pajarillos se valen de múltiples recursos para sortear y sobrevivir a las inclemencias del tiempo. Aún así se calcula que el 90 por ciento de muchas especies no sobrevive al primer invierno.

Pero algunas están adaptadas para capearlos sin necesidad de buscar refugio. Nunca olvidaré aquellas cigüeñas durmiendo sobre los pináculos de la catedral de Palencia. Hizo una noche de perros. Cayeron fuertes aguaceros y el viento no cesó hasta el amanecer, pero a la mañana siguiente, vimos desde la ventana del hotel donde estábamos alojados que allí seguían, pico al viento tras haber soportado estoicamente una noche infernal.

Lo mismo ocurre con las aves marinas. No les asusta el agua, al contrario, es su medio, y cuan veletas se posicionan en paciente espera hasta que amaina. Incluso a veces cuando más arrecia el viento algunas gaviotas patiamarillas alzan el vuelo y juegan en el aire con admirable destreza. Cuando contemplamos la maestría con la que dominan ese elemento, algo que a buen seguro lo hacen por disfrute, nos viene al recuerdo de ese hermoso libro que escribió Richard Bach y que lleva por título Juan Salvador Gaviota.