
Cada vez hay menos, pero todavía quedan algunos ejemplares alegrándonos la vista y el olfato en algunas urbanizaciones, villas, y caserios hondarribitarras. Hace poco talaron una mimosa que antaño florecía exhuberante junto a la ría de Santa Engracia, pero que ya había perdido su lozanía.
En los años setenta del siglo pasado plantamos nosotros un ejemplar junto a un caserío en el Barrio de Semisarga, cerca de Santiagotxo. No lo hicimos en el lugar más adecuado ya que estaba muy expuesta a las heladas, que lo terminaron matando. Cerca de treinta años vivió y sufrió unas cuantas, pero cuando parecía que no volvería a recuperarse, de sus raíces surgían nuevos retoños, y en pocos años se volvía a mostrar en todo su esplendor. Fue una helada memorable la que acabó con él. Recuerdo que se helaron incluso las fuentes de los parques iruneses, en las que el agua había modelado caprichosas esculturas antes de congelarse.
La mimosa es un árbol del género de las acacias, originario de Australia. Si el invierno es suave, incluso en enero se cubren ya de un manto de flores amarillas que emanan una dulce fragancia.
Este año 2026 las lluvias han retrasado algunos días su floración, pero parece que por fin se han puesto de acuerdo y han decidido que tenga lugar durante esta semana, la segunda del mes de febrero.

