
No tiene colores, ni los necesita, porque es uno de los pajarillos más elegantes de la avifauna terrícola.
Visten, en Inglaterra y en Japon de frac, y en otras tierras con refinada chaqueta gris, que combinan con pañuelos, sombreros, collares, hombreras o antifaces negros, para convertirse en los reyes de la fiesta.

Si elegante viste, no lo es menos cuando camina, como dejó constancia Francisco Rodríguez Marín en una seguidilla que encontraremos en su antología de cantares amorosos titulada “El Alma de Andalucía en sus mejores coplas amorosas”:
“Parece mi morena
cuando va a misa,
pajarita de las nieves,
que anda y no pisa.”
Su volar tambien es inconfundible, sinuoso, acompasando el batir de alas con su reclamo. Aguzanieves le llaman en muchos sitios, porque suelen migrar a nuestras tierras las poblaciones del norte de Europa cuando arrecia el invierno.
Aquí viven todo el año. No abunda, pero es habitual verlas en zonas abiertas, pastizales y caserios. Pero también las encontraremos paseándose por las aceras y el asfalto de la urbe, en busca de pequeños insectos de los que se alimentan, con frecuencia tras las lluvias, supongo que para darse el festín con los que el agua arrastra al suelo.
Aunque solitaria, se congregan en arboledas protegidas del viento y del frío para pasar la noche, con frecuencia en las ciudades. Famosos son los Jardines de la Pereda de Santander, en cuyos árboles se reúnen millares de ejemplares durante las noches de invierno. También en los árboles del Paseo de Colón en Irún pernoctan muchos individuos de la comarca.
