
Se pasan aquí la mayor parte del año, en bandos que se dispersan por toda la Bahía de Txingudi. Desconozco si siempre están las mismas en cada grupo, o si se mezclan, pero lo que si esta claro es que les gusta la bulla. El nombre le viene de esos chillidos, risas, graznidos, que emiten cuando se disputan algo, el espacio o la comida normalmente. O tal vez se han levantado con un mal día, que supongo no seremos los únicos seres vivos que los tengamos.
Se dejan alimentar… incluso a veces son capaces de hacerlo ordenadamente, algo que cuesta imaginar, cuando vemos con que afán se disputan las viandas. Lo comprobamos hace un par de años cuando durante semanas tomó por costumbre una chica el darles de comer todos los días de temprana mañana. Lo hacía lanzando migas de pan al aire durante un buen rato. Era un espectáculo.
Llegaba puntual a la petrilla del Paseo Butrón, y la esperaban más de una treintena de gaviotas posadas en el agua. Al verla unas pocas alzaban el vuelo, y giraban en círculos alrededor suyo, mientras con mayor o menor fortuna se hacían con los trozos de pan que lanzaba. Las que estaban ya saciadas dejaban paso a las que aguardaban turno en el agua, que se unían al corrillo. Y así ocurrió durante un par de meses, tal vez más, hasta que fue increpada por algún defensor de no se bien que causa. Tras una fuerte discusión, la chica, de Zaragoza me dijo que era, que siempre arrastraba una maleta y parecía vivir en la indigencia, abandonó incluso el pueblo.

A veces durante los atardeceres de algún caluroso día de verano encontramos a muchas de ellas volando a gran altura. No llevan ningún rumbo sino que permanecen allí arriba, como inquietas, desplazándose azarosamente. Parece ser que se dedican a la caza de uno de sus manjares preferidos, las hormigas con alas. Estos insectos les pirran a casi todos los pájaros. En señalados dias, cuando las condiciones atmosféricas les favorecen, abandonan sus hormigueros por millares y suben a gran altura para dejarse llevar por los vientos y formar sus propias colonias.
Tan solo durante unos meses abandonan las traviesas gaviotas la comarca. Lucen, ya antes de partir sus capirotes oscuros y las plumas renovadas para embelesar a sus futuras parejas. Crían en grandes colonias de cientos de parejas, en humedales, lagunas y marismas de toda Europa.
