HONDARRIBIA - MIRADAS

La Isla o Playa de Enmedio

Así le llamábamos cuando éramos críos al inmenso bancal de arena que afloraba cuando bajaba la marea en mitad de la Bahía de Txingudi, y al que se podía acceder atravesando a pie un brazo de agua, que algunos días del año incluso llegaba a secarse.

Generoso vergel, con las herramientas adecuadas y un poco de experiencia, era fácil procurarse de berberechos (chirlas pottorros les llamábamos), trechos (navajas) y chirlas (coquinas) en la bajamar. La zona pedregosa que todavía emerge como vestigio de su espléndido pasado fue pródiga en almejas durante décadas.

Obra de autor desconocido de principios del siglo XX

El progreso no perdona, por lo que para hacer la bahía más navegable y evitar accidentes, se extrajeron cientos de miles de toneladas de arena durante décadas, y de aquella inmensa isla tan sólo nos queda el recuerdo… y el pedregal.

En este cuadro de Joxe, en el que recrea la actividad en aquella isla a mediados del siglo XX, encontramos algunos detalles interesantes. Embarcaciones de vapor fondeadas en la bahía. Al fondo, cerca ya de la playa francesa, la baliza. Vemos a los gabarreros cargando sus barcas. Cuando suba la marea navegarán río arriba, hasta la Alameda, Santa Engracia, o al Barrio de Amute, para descargar la arena.

También los baserritarras bajan al arenal para cargar sus carros, que tirados por bueyes llevarán a los caseríos. Cuatro mariscadores se afanan con sus lauhortzecuas en remover el pedregal para arrancarle las preciadas almejas. Detrás, un arrantzale, ya cano, recorre la orilla con una pequeña red de saco que maneja con un par de palos para capturar quisquillas o cangrejos, para cebo, o para su consumo.

Hoy en día, a pesar de que hace décadas que no se extrae arena, ya no existe ese gran banco de arena en el centro de la bahia. La construcción de los espigones ha alterado el flujo del río y de sus corrientes. Buena parte de la arena que arrastra el río todos lo años con las lluvias se sigue acumulando en el fondo de la bahía, pero sobre todo en la orilla francesa, y peligrosamente junto al espigón de Hendaya, donde es fácil que con la marea se quede varado algún barco.

Estamos viendo durante estos días, en la vecina playa de Ondarraitz, movimientos de excavadoras que acumulan arena y grandes tuberías que se dirigen al espigón, tal vez con la intención de dragar la que allí se está acumulando y verterla en la playa. Pronto lo sabremos.