HONDARRIBIA - MIRADAS

Vive un grillo en la playa de Hondarribia

Que canta con empeño todas las noches y se echa a dormir en cuanto llega la gente para tomar el sol, pasear por su orilla, o darse un chapuzón.

Vive discretamente en uno de sus ángulos, en los que la arena y la tierra se han apelmazado y en cuanto caen cuatro gotas reverdece. Pudiera parecer un sitio equivocado para grillar, pero su inconfundible cri-cri se escucha desde los jardines, parterres y rotondas del cercano aparcamiento que frecuentan las grillas, por lo que a buen seguro que no lo hace en vano.

De críos los capturábamos. Había que ir con sigilo hacia donde escuchábamos su reclamo para localizar su escondrijo. Casi siempre detectaba nuestra presencia y callaba durante un buen rato, bastante más que el que duraba nuestra paciencia, por lo que desistíamos e íbamos en busca de otro. Tras localizarlo había que desalojar al inquilino de su pequeña madriguera, y lo hacíamos o bien con una brizna de hierba que introducíamos y girábamos hasta que saliera, o por inundación con lo tuviéramos a mano…

Capturado el pobre concertista le esperaba la cárcel, ya que todos queríamos tener el espectáculo en casa, y lo introducíamos en aquellas diminutas jaulas de plástico, en las que le obsequiábamos tras sus actuaciones con unos pedazos de lechuga.