
Dicen las estadísticas que la población de gorriones se ha reducido a la mitad en los últimos 40 años y que prácticamente han desaparecido de algunas de las grandes capitales centroeuropeas.
Yo mas bien pienso que muchos de ellos, al igual que lo hacen los humanos con los que comparten esas grandes urbes, se han marchado de vacaciones a lugares mas habitables en cuanto al clima y la gastronomía, y no han vuelto. Lo que es en Hondarribia hay una población estable de varios miles de individuos, que podemos encontrar tanto en el medio urbano, como en las zonas residenciales de la periferia y en el entorno rural.
Fuera de bromas, la verdad es que hay un problema en el desarrollo de las ciudades que afecta a esta especie… y a lo mejor en un futuro a la nuestra.

Los gorriones por aquí comen bien, algunos tan bien como los que viven en la parte vieja donostiarra, pudiendo degustar durante buena parte del año las migajas de nuestros archipremiados pintxos.
Se han vuelto confiados y con frecuencia los vemos por el suelo, con ese desplazarse tan saltarín, entre las sillas y mesas de las terrazas de los bares, sorteando las piernas de los comensales.
Parece ser que su vida es breve por lo que más vale que la disfruten y se olviden del colesterol y otras afecciones que producen el exceso de tan suculentos manjares. Particularmente le seguí hace años el rastro a dos individuos, que al ser parcialmente albinos y fieles a sus lugares de residencia resultaban fáciles de reconocer, pero a ninguno de ellos lo volví a ver el tercer verano.
Otra particularidad de los gorriones es lo bulliciosos que se vuelven antes de dormir. Aunque durante el día van a su aire, solitarios o formando pequeños grupos, a la noche se reúnen en arboledas, cañaverales o en lugares protegidos, como suele ocurrir en el patio interior del Hospital Comarcal, o en los pequeños árboles del único foso que queda por construir junto al frontón Jostaldi, y montan una algarabía de órdago. Parece como si todos a la vez se estuvieran contando sus experiencias cotidianas, a cual con mas empeño, y así están un buen rato hasta que cae la noche y se hace el silencio.
