HONDARRIBIA - MIRADAS

Gingko Biloba

En diciembre caerán las últimas hojas, de color amarillo dorado, de estos hermosos árboles que enfilan la acera del primer tramo de la carretera que sube al Faro de Higuer.

Su cultivo como árbol ornamental se ha extendido en los últimos años, por lo que cada vez lo encontraremos con mayor frecuencia en los jardines y paseos de nuestras ciudades. En Hondarribia destaca también un pequeño bosquecillo que adorna la rotonda de Santa Engracia.

Nos llaman la atención sus hojas con forma de abanico, cuyas nervaduras parten de su base. Otra de las particularidades de esta planta es la curiosa disposición de sus ramas, ya que se distribuyen casi radialmente desde el tronco central y luego apenas se ramifican. Sus frutos, que encontraremos al pie de algunos de ellos (se diferencian machos y hembras) recuerdan al del albaricoque, de ahí su nombre original chino (albaricoque blanco), pero desprenden un olor nauseabundo que no invita a probarlos.

Originario de China, el Gingko biloba es un árbol excepcional, fósil viviente y única especie de su género, que convivió hace 300 millones de años con los extintos dinosaurios. Un ejemplar sobrevivió a la bomba atomica que devastó Hiroshima el 6 de Agosto de 1945, lo que lo ha convertido en un símbolo de la resistencia y fortaleza del Japón.

Se trata de una especie longeva, se han localizado ejemplares de más de 2.000 años, y el jardín botánico de Utrecht (Holanda) todavía conserva uno de los primeros ejemplares que se plantaron en Europa, hace más de 300 años.

Son muchos los que conocen el Gingko, ya que las herboristerías venden productos que se obtienen de sus hojas, a las que se le otorgan propiedades antioxidantes y vasodilatadoras, pero probablemente resulte para algunos novedoso saber que algunos ejemplares de este excepcional árbol adornan nuestro municipio.