
Si bien es verdad que nos estamos cargando la naturaleza a cómodos plazos, como contraste podemos observar a nuestro alrededor que a determinadas especies de aves no parece irles tan mal. El desarrollo de nuevos humedales protegidos y la prohibición de la caza en muchas zonas rurales, son algunos de los factores que han contribuído al éxito de las dos especies que en este artículo presentamos.
Una de ellas es la Garcilla Bueyera (Ardea ibis). Originaria de África, hace unas décadas no era habitual ver individuos de esta especie por Hondarribia. Con una gran capacidad de adaptación, estas aves han ido expandiendo sus territorios hacia el norte, y hoy en día son cientos las garcillas que se reúnen al atardecer en los árboles que crecen en las lagunas del Parque de Plaiaundi para pasar la noche. Ya no hay sitio para más en aquel improvisado hotel, por lo que muchas de ellas ya pernoctan en los árboles de otras lagunas cercanas.

Por la mañana parten en pequeños grupos para buscarse la vida en los campos, preferentemente en los que pasta el ganado, ya que sus heces se convertirán en codiciadas despensas de insectos. Sería interesante saber si las cuadrillas que se forman de buena mañana están constituidas por los mismos individuos que llegaron por la noche al dormidero, o tras el ajetreo nocturno se mezclan entre ellos y se forman nuevos grupos.
Frecuenta también la comarca otra pequeña garza blanca. Se trata de la Garceta Común (Egretta garzetta), que encontraremos durante la bajamar patrullando la orilla. Con frecuencia las veremos solitarias, cuan estatuas al acecho, o desplazándose cautelosamente para no espantar a los pececillos de los que se alimentan.
A veces cazan en equipos de dos o más individuos cercando pequeños bandos de peces junto a la orilla. En el muelle de veteranos, antes de que se dragara para convertirlo en moderno fondeadero de embarcaciones, era un espectáculo verlas en la bajamar pescando junto a los cormoranes. Para evitar ser capturados por éstos, los pececillos se orillaban, y allí les esperaban las garcetas para darse el festín. Cormoranes y garcetas se desplazaban en paralelo a lo largo del cauce hasta diezmar el bando o llenar sus panzas.
