HONDARRIBIA - MIRADAS

El ocaso del Autillo (Otus scops)

Hasta hace algunos años, el silencio de las noches estivales en los parques y jardines de Hondarribia se veía interrumpido con el inconfundible reclamo de los autillos; un ‘tiuu’ aflautado que repite regularmente cada 2-3 segundos.

Los plátanos de la Alameda o los jardines de la ya desaparecida Villa Glim, eran algunos de las muchas arboledas frecuentadas por este pequeño búho que aprovechaba las oquedades de viejos árboles para sacar adelante su prole.

Recuerdo un caluroso día de verano a finales de los años 70 que encontramos dos polluelos de autillo al pie de uno de los plátanos de la Alameda. Los pusimos en una caja que cerramos con una red cuya malla impedía que se escaparan, pero permitía que sus padres los alimentaran. Durante varias noches vinieron a cebarlos al balcón donde colocamos la caja, justo enfrente de la Alameda.

Una noche, cuando consideramos que ya habían desarrollado las plumas de sus alas para permitirles volar retiramos la red de la caja. Para la mañana siguiente ya no había más rastro de ellos que las pequeñas egragópilas y algunos restos de insectos con los que sus padres los alimentaron.

Hace décadas que ya no se escuchan en el municipio, y según comprobamos en los últimos mapas de distribución de la SEO (Sociedad Española de Ornitología) parece ser que son escasas sus citas en Gipuzcoa. Sus efectivos han disminuído debido al uso de pesticidas que ha diezmado sus recursos alimenticios. La proliferación de las urbanizaciones también los ha desplazado de muchas de sus zonas habituales de cría.

Afortunadamente mantiene una población aceptable en el resto de la península, que se estima entre 30.000 y 40.000 individuos, por lo que confiamos que en un futuro cercano vuelva a veranear por estas tierras y deleitarnos con su inconfundible reclamo.