
Una pareja de cormoranes moñudos ‘patrullan’ casi todos los días las aguas que bañan los muros y rampas del Paseo Butrón, en Hondarribia. Cuando la mar está en calma y las aguas cristalinas es un verdadero espectáculo verlos pescar.

Muchas veces se zambullen juntos, y se coordinan para dirigir los bancos de pequeños peces hacia la pared. De esta forma los cercan y les dan caza caza con mayor facilidad. Algunos de estos pececillos, en su desesperación para no ser capturados, parecen correr por la superficie, terminando no pocas veces en el buche de las gaviotas reidoras que se han apuntado al festín.

Hace unas décadas, estos cormoranes, de hábitos mucho más marineros que su pariente el cormorán grande, habían desaparecido de nuestras costas. En los años 80 tan sólo había censada una o dos parejas en Gipuzkoa, que nidificaban en la Grieta de Monpás (Donosti). Corren buenos tiempos afortunadamente para esta especie, que ha visto incrementado su población en las últimas décadas con la presencia de una creciente colonia en los acantilados de la costa de Jaizkibel.
