
Así comienza una cita referida a una antigua fuente que existió durante siglos en la Playa de los Frailes, y cuyo último vestigio es una gran piedra tallada en 1952, que arrastrada por sucesivos corrimientos de tierras, descansa en el lecho de guijarros de la playa.

El texto que aparece en la guía turística de 1908 editada por Enrique Irabien Larrañaga dicta lo siguiente:
‘¿Buscáis el más estrecho y árido de los senderos, donde según el poeta habita el olvido
Pues es la senda que bordeando la orilla del mar, conduce desde el Faro a una artística fuentecilla, y de esta, entre ruinas que separáis con el pié, al Castillo San Telmo.
Desde luego choca y sorprende la inesperada situación de tal fuente: Se adivina al detener allí la planta que aquel sitio, pudo ser el misterioso retiro de algún poeta, algún conquistador o algún sabio.
Indudablemente. Extraña predilección tuvieron por esta frontera, con sus históricas ruinas, por los aromáticos senderos del valle de Irún y estos contornos, Victor Hugo, Haes, Gayarre y tantos otros relativamente modernos.
Cave a la fuente se cree uno transportado a fines o plena edad media, a la antiguedad, o por lo menos la imaginación ve anclada la barcaza normanda, la nave vikinga, o balanceándose graciosamente la goleta berberisca de Salé y a la tripulación de esta atezada por el sol de los trópicos, haciendo aguada del amplio caño, que hasta no hace aun mucho lanzaba a borbotones gran caudal de la mejor agua de todos aquellos contornos.
Repetimos, sorprende la tal fuente. Hombre de espíritu superior mandó construirla, encauzando su manantial para el bien general, en tan extraño paraje, para sentarse a su lado y recrearse con su murmullo, al pié de aquellas inscripciones artísticas y borrosas. El corsario o el contrabandista perseguidos, en ella apagaron su sed en la callada noche, al despuntar la luna; el fatigado marinero, allí encuentra un lenitivo después de perseguir la majuba, en sus lanchas voladoras, bajo los ardorosos rayos de sol del mediodía.
El pintor, el poeta o el amante, refrescaron su caldeada mente, en aquella placidez, o hallaron la posible calma del corazón, agitado por la inspiración o el sentimiento.
Humildad y grandeza. Jamás podrá idearse sitio de tan intensa melancolía: rincón ignorado en el límite de la tierra española.
No ha mucho existía allí un escudo heráldico. El agua cristalina de aquel manantial, se une enseguida con la salobre de las aguas del mar, que llegando muy cerca, parece deben mezclarse una y otra en las grandes mareas: el no ver más que la blanca espuma de las olas, las obscuras peñas y el azul del cielo, causa mortal pesadumbre.’

Podéis acceder al libro, que lleva por título ‘Pequeñas guías ilustradas para el turista y el viajero: excursiones : la frontera franco-española en Guipúzcoa’ / [E. Irabien Larrañaga], en la biblioteca digital del Koldo Mitxelena, en https://www.kmliburutegia.eus/Record/9639
