
Han estado tres meses fuera, pero no se fueron de vacaciones. Partieron a primeros de mayo para recorrer miles de kilómetros con destino a Groenlandia, Países Escandinavos y norte de Rusia, regiones donde se ubican sus áreas de cría. Allí, en el Círculo Polar Ártico apenas anochece durante los meses de mayo, junio y julio, lo que genera una espectacular explosión de vida que les permite disponer de alimento suficiente para sacar adelante sus proles.

Por su costumbre de voltear piedrillas, conchas, maderas, algas y otros objetos mientras recorre la orilla en busca de pequeños invertebrados de los que se alimenta, se conocen con el nombre de Vuelvepiedras. Desde hace al menos un par de décadas su presencia es habitual en la Bahia de Txingudi, formando pequeños grupos de unos 20-40 individuos, uno de los cuales visita con frecuencia el Paseo Butron.
Durante estos días apenas los vemos, ya que en verano, sobre todo si hace bueno, el Paseo Butrón, y las dos pequeñas playas de arena y piedras que se forman al pie del muro, están muy frecuentadas. En cuanto pasen las fiestas y vuelva la calma por estos barrios volverán a ser sus protagonistas. Se han vuelto muy confiados, y a menudo podemos ver un grupo de ellos a escasos metros de la gente, de la que con frecuencia se procura el alimento.

Sin quitarle mérito al gran viaje que realizan los que se afincan en nuestras costas para pasar el otoño y el invierno, tenemos que destacar que la mayor parte de la población de vuelvepiedras del norte de Europa continúa su viaje migratorio a lo largo de la costa africana, hibernando algunos de ellos en países tan lejanos como Sudafrica.
