
Creo que fue ayer día 5, o tal vez anteayer, 4 de diciembre, cuando vimos un pequeño grupo de aviones comunes (Delichon úrbicum) por los alrededores de Iterlimen, junto a la playa de Hondarribi… son citas poco habituales pero en ello reside uno de los encantos de la ornitología, y de la vida, en la excepcionalidad.
Recuerdo que todavía en los años 70 podíamos ver una colonia de aviones comunes que habían construido sus nidos bajo el alero del edificio donde se ubica el Restaurante Alameda.
Esta ave, pariente urbano de las golondrinas, elabora también los nidos con barro, que compacta con su saliva. Los de las golondrinas son abiertos, en copa, mientras que los de los aviones son cerrados, con tan solo un orificio por el que acceden a su interior.

No corren buenos tiempos, al menos por estas latitudes, para esta pequeña ave insectivora que nos visita durante la temporada de cría, y que al igual que las golondrinas, ha visto también mermados sus efectivos. Hoy en día son contados los individuos que sobrevuelan la urbe durante la época estival. Incluso alguna pareja, ante la ausencia de golondrinas con las que competir, ha preferido irse al campo y cría en una de las casas que encontraremos en la subida que va del Cementerio a Guadalupe.

Imagen de la web natusfera
Tiene tambien en Hondarribia otro pariente aún más cercano, el avión roquero (Ptyonoprogne rupestris), fácil de diferenciar por ser de color parduzco, pero muy raro de ver. De carácter sedentario, no emigran, ni tampoco se han urbanizado. Con suerte encontraremos algunos individuos sobrevolando la cresta de Jaizkibel, cerca de las Antenas. Estos pocos ejemplares nidifican en los roquedos de la ladera sur de esta montaña, más protegida de los vientos y de las lluvias, que suelen azotar con mayor intensidad en la ladera norte.
