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Araos (Uria aalge) y Alcas (Alca torda). Los ‘pingüinos’ del Hemisferio Norte

Araos y alcas, que aqui llamamos pottorros, nos visitan en invierno procedentes de las colonias de cría de la Bretaña Francesa, Islas Británicas, Islandia y Península Escandinava. Aunque son aves pelágicas, cuando hace mala mar se acercan a la costa, y con un poco de suerte podemos ver algunos individuos por los alrededores del puerto, junto al paseo del espigón o incluso en el interior de la Bahía de Txingudi, cuando emergen de sus largas zambullidas.

Con unos buenos prismáticos y un poco de paciencia también podemos observarlos, sobre todo cuando arrecian los temporales de otoño, volando entre las olas a gran velocidad en pequeños grupos tras la Isla de Amuitz, durante su viaje migratorio hacia las áreas de invernada.

En los años 90 del pasado siglo apenas una docena de parejas de araos se reproducían en los acantilados de la costa gallega, concretamente en las Islas Sisargas y en Cabo Vilano. Eran los últimos ejemplares de una población, la más meridional de la especie, que en los años 60 se estimaba en unos 2.000 individuos.

Con la disminución de los recursos pesqueros, la mortalidad por artes de pesca y los vertidos de petroleo, nos hemos ocupado de borrarlos definitivamente del mapa ibérico.

Afortunadamente, aunque en clara disminución, se estima que el número de araos y alcas del norte de Europa supera los 500.000 ejemplares.

Foto de SEO Birdlife

Una curiosidad referida al término pingüino y su origen.

En el hemisferio norte no hay pingüinos, pero erróneamente se acuño este término a las aves no voladoras que nidifican en el hemisferio sur debido a su parecido con un pariente de las alcas ya desaparecido. Se trataba del Alca Gigante (Pinguinnus impennis), especie extinta hace ya casi un par de siglos.

Hasta mediados del siglo XIX habitaba en las aguas del Atlántico Norte una especie de mucho mayor tamaño que las alcas que conocemos, el Alca Gigante. Su incapacidad para volar lo convirtió en presa fácil durante su temporada de cría, por lo que terminamos exterminándolo.

Las primeras exploraciones antárticas de finales del siglo XVIII y comienzos del siglo XIX se encontraron con grandes colonias de aves marinas, cuyo parecido con estas Alcas dio lugar a que se les acuñara el nombre de pingüinos.

Actualmente sabemos que a pesar de coincidir en ciertos rasgos morfológicos, así como en su gran destreza bajo el agua para capturar los peces de los que se alimentan, e igual torpeza en tierra firme, no existe un parentesco cercano entre las especies de ambos hemisferios,

Ejemplar disecado de Alca gigante en el museo de Leibzig