HONDARRIBIA - MIRADAS

En la orilla del mar (2)…

… podemos encontrar con un poco de suerte las conchas de otros moluscos, menos habituales, pero que también se reproducen en nuestras aguas. Las fotografías están tomadas en la playa de Ondarraitz, más abierta al mar y generosa en tesoros marinos.

Esta concha pertenece a un molusco al que se denomina almendra de mar, dicen que por su forma, pero la verdad es que no se parece tanto a este fruto seco, que por lo general es más alargado. Otros le atribuyen el nombre a su sabor, lo desconozco, pero al escribir estas líneas me viene a la memoria que hay una especie de seta muy grande, la macrolepiota, que al probarla nos deja un regusto a fruto seco, y cuyo color blanquecino con franjas pardas tiene cierta similitud con esta concha…

En la playa de Hondarribia, en la bajamar durante las mareas vivas, todavía veremos algunas pequeñas conchas de esta especie, el corruco o berberecho espinoso. Aunque pueden superar los 6 cm, las que encontramos apenas alcanzan los 2 cm. Nos llaman la atención sus espinas calcáreas con las que se protegen de sus depredadores, pero aún y todo forman parte del menú de los pulpos, ya que cuando buceábamos las veíamos en los concheros que delataban sus guaridas.

Pariente de la vieira y de la volandeira, de vez en cuando adorna la orilla de la playa de Hendaia alguna pequeña concha de zamburiña. Una de sus características es que la segunda valva es plana protegiendo al preciado molusco de sus predadores, de los que también puede huir abriendo y cerrando ambas valvas para propulsarse.

Mil nombres le han dado a este molusco que mostramos, y que por aquí desconozco como lo han bautizado. Inconfundibles por su robustez y las marcadas estrías de sus conchas es también comestible. Se pesca comercialmente en el Mediterráneo con redes especiales que rastrillan los fondos fangosos y arenosos donde viven.

Este curioso molusco hace honor a su nombre ya que tiene la capacidad de perforar rocas blandas o maderas para habitar en su interior y estar a salvo de los predadores, que son muchos. Lubinas, pargos, doradas, o ballestas son algunos de los especímenes que patrullan por la costa y cuyos poderosos dientes son capaces de destrozar incluso las duras conchas de las almejas, por lo que no viene mal tomar precauciones.

Otra particularidad de esta especie es su bioluminiscencia. Ya hace 2.000 años, Plinio el Viejo narra en sus tratados que la boca de los que los consumían se volvía luminiscente. Fue considerado manjar de reyes, emperadores y otras realezas durante siglos. Hoy en día está protegida, prohibiendose su captura por lo que desconocemos su valor gastronómico.